MUERTE DE UN CICLISTA (1955) – La alta burguesía no estuvo blindada durante el franquismo
En 1955, España vivía aún en el “primer franquismo”. Hacía poco que se había abandonado la cartilla de racionamiento y las “restricciones” también habían quedado atrás. El régimen ya no estaba aislado internacionalmente, pero la crónica oficial cinematográfica cuenta que la dictadura seguía imponiendo una dura censura en el cine. Y, aún hoy, la crítica marxista interpreta el franquismo como una especie de “bonapartismo” al servicio del capital y de la aristocracia económica. Esta película demuestra por sí misma, que la alta burguesía no estaba blindada en el régimen franquista.
FICHA
TITULO: La muerte de un ciclista
AÑO: 1955
DURACIÓN: 84 minutos
DIRECTOR: Juan Antonio Bardem
GÉNERO: Drama psicológico
ARGUMENTO: Una pareja de amantes,
ella esposa de un miembro de la alta burguesía acomodada y él, un profesor
universitario, vuelven a Madrid después de una cita amorosa. En la noche
atropellan a un ciclista y se dan a la fuga para evitar que se conozca su
relación. Desde entonces empiezan a tener remordimientos y la sensación de que
serán descubiertos.
ACTORES: Lucía Bosé, Alberto Closas, Bruna Corrà, Carlos Casaravilla, Otello Toso, Alicia Romay, Julia Delgado Caro, Matilde Muñoz Sampedro, Mercedes Albert, José Sepúlveda, José Prada, Fernando Sancho, Manuel Alexandre, Jacinto San Emeterio, Manuel Arbó, Emilio Alonso, Margarita Espinosa, Rufino Inglés, Antonio Casas, Manuel Guitián, Elisa Méndez, José María Rodríguez, Carmen Castellanos, José María Gavilán, José Navarro, Gracita Montes
CLIPS
CLIP 1 – EL CICLISTA QUE MUERE Y LA PAREJA QUE LO ATROPELLA
CLIP 2 – LOS SARAOS DE LA ALTA BURGUESIA
CLIP 3 – PERDIENDO LA CABEZA EN LA CLASE DE GEOMETRÍA ANALÍTICA
CLIP 4 – EL PEPITO GRILLO COTILLA QUE LO SABE TODO EN LAS CARRERAS
CLIP 5 – EL AMANTE, EL MARIDO, LA ESPOSA Y EL COTILLA EN UN COLMAO DE CANTE JONDO.
CLIP 6 – ALGARADA ESTUDIANTIL LIMITADA SEGÚN PRESUPUESTO
CLIP 7 – ENCUENTRO FURTIVO A LA SOMBRA DE UNA IGLESIA
CLIP 8 – EL PROFESOR SE DESPIDE PATÉTICAMENTE DE LA ALUMNA (QUE NO LA AMANTE) A TRAVÉS DE LA VERJA Y SIN CONCERTINAS
CLIP 9 – EL CONTACTO DEL SEAT 1300 FUNCIONA A LA PRIMERA
Carteles y programas
Cómo localizar la
película
A través de eMule: LA
MUERTE DE UN CICLISTA
Lo menos que puede
decirse sobre MUERTE DE UN CICLISTA
Juan Antonio Bardem, director de esta película, militó en el
Partido Comunista de España durante el franquismo. Se cuenta que ingresó en la
organización en 1943 y, al mencionarlo, también suelen recordarse declaraciones
“sulfurosas” de su hermana, Pilar Bardem, o de su sobrino, Javier Bardem, siempre
favorables a la izquierda comunista. De hecho, cuando se recuerda a Juan
Antonio Bardem en las historias del cine español, siempre se destaca que fue “director
comunista”. Y da la sensación de que su cine fue también “comunista”, o que, al
menos, existen algunos elementos que pudieran ser considerados como favorable a
esta ideología. También es común pensar que las “tres Bes del cine español”
(Bardem, Berlanga y Buñuel), fueron, comunistas y que su cine iba por esos
derroteros. En realidad, casi nada de todo esto es cierto.
También suele citarse la frase de Bardem pronunciada durante las
Conversaciones de Salamanca (1955) sobre el cine español, en la que lo definía
como "políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo,
estéticamente nulo e industrialmente raquítico", frase que se repite
invariablemente en todas las historias de nuestro cine y que es, en cualquier
caso, excesiva y un mero producto de su ubicación ideológica en el área
comunista: el cine no tiene que ser “políticamente eficaz” y, en el caso de que
debiera serlo ¿a favor de quién habría de inclinarse?. Tampoco era “socialmente
falso” en la medida en que en la época, directores como Edgar Neville, ha había
realizado obras de crítica social (véase, por ejemplo, La
vida en un hilo, que la propia izquierda desvaloriza al sostener
que cuenta “lo que ya sabíamos”…). Ni siquiera el cine español era “estéticamente
nulo”: era un cine que, ya en esa época, podía competir con cualquier otra
cinematografía europea y que contaba con directores de fotografía,
escenógrafos, y directores que sabían perfectamente lo que hacían y aprovechaban
presupuestos cicateros, medios escasos y deficiente distribución internacional,
para realizar obras de indudable calidad estética (véase, entre decenas, Murió
hace 15 años que, seguramente Bardem no quería recordar por el
anticomunismo que destila, pero cuya calidad estética es comparable a la de El
tercer hombre). Finalmente, era relativamente cierto que el cine español
era industrialmente raquítico… porque el país había salido de una guerra civil,
se había enfrentado de una década de aislamiento internacional y cualquier otra
“industria”, no solo la del cine, era “raquítica”.
Por otra parte, no hay que olvidar que la reunión en la que se
pronunció esta lamentable frase, fue organizada por Basilio Martín Patino, en
mayo de 1955 en el cine club del SEU de Salamanca y por la revista Objetivo,
en cuya redacción se encontraba Bardem. La película Surcos, de Nieves Conde,
había causado mucho impacto en aquel momento, y los organizadores aspiraban a realizar
un “cine social” en la estela de este director próximo al falangismo.
La realidad es que el compromiso comunista de Bardem no está muy
presente en el cine español, entre el fracaso de La Venganza
(1957) y de El último día de la guerra (1968), volvió al cine
comercial. Sus películas de esa época no tuvieron la más mínima repercusión y
se limitó al “cine alimentario”. Solamente tocó “cine político”, tardíamente,
en 1977 filmó Siete días de enero, en una imitación facilona del “cine
comprometido” de Costa-Gavras, que, en realidad, era un triste panfleto que
encajaba a la perfección con la “versión oficial” de la transición y muy poco con
la realidad de lo que sucedió en aquella semana crítica. La mayoría de sus
trabajos posteriores fueron para Televisión Española.
El director atribuye la falta de contenido político y social de la
mayoría de sus películas filmadas durante el franquismo, a la censura. Pero la
censura no lo explica todo, ni siquiera cómo salió adelante la película que
comentamos, Muerte de un ciclista. Las historias oficiales del
cine español cuentan que la película “irritó” a las autoridades. En realidad,
no parece que Bardem tuviera un encontronazo frontal con las “autoridades”,
salvo por el hecho de que fue calificada “para mayores de 16 años”, mientras
que la Iglesia, en efecto, la calificó de “gravemente peligrosa”: el guion,
como veremos, se centra en la infidelidad de una esposa y en la relación con su
amante, pero también, en un crimen que queda impune y en otro que se produce al
final de la cinta.
La película nos cuenta la relación entre Juan, un profesor
universitario que aspira sin esperanzas a una cátedra avalado por su familia, soltero,
y su amante, María José, una dama casada de la alta burguesía madrileña. Al
volver a Madrid, tras celebrar una “tenida” amorosa, en la noche y en aquellas
carreteras polvorientas, sin ninguna iluminación, ni señalización, se produce
la tragedia: un ciclista es atropellado por el Seat 1300 de la pareja. Cuando Juan
se acerca al cuerpo, ve que todavía está vivo, pero los convencionalismos de
aquella época (¿son diferentes en ésta?), les inducen a guardar silencio y dejar
agonizando al ciclista en la carretera. De haber dado parte habrían descubierto
ellos mismos su relación. Pero, a partir de ese momento, los remordimientos les
acechan, especialmente cuando ella empieza a tener la sensación de que un
amigo, una especie de Pepito Grillo de su círculo social, Rafa, está al tanto
de su relación y de lo que ha ocurrido.
A este problema, que constituye la línea central de la cinta, se
suma otro que parece incrustado con fórceps por Bardem -autor al mismo tiempo
del guion- para mostrar escenas de “agitación universitaria”. En efecto, cuando
Juan está asistiendo a la exposición de una alumna en la clase de geometría
analítica, sufre una crisis y ordena a la alumna que se calle. Esta, por algún
motivo, queda suspendida, lo que genera una protesta de sus compañeros y una
huelga universitaria. La cámara recoge algunas escenas del conflicto en el que
intervienen “los grises”. Finalmente, entre profesor y alumna se produce la
reconciliación.
Bardem intenta unificar las dos líneas del guion en el último
tramo de la cinta, cuando la sanción a la que Juan se hace acreedor por la
injusticia cometida, le induce a reflexionar sobre el accidente y toma la
decisión de entregarse y convencer a María José de ir juntos a contar lo
sucedido… En una escena peripatética, en la que la alumna y el profesor se
despiden dramáticamente, cada uno a un lado de la verja, Juan se despide de la
alumna como si se tratase de una amante y ésta reacciona ante la pérdida del
profesor como ante el novio que se va a la guerra. Pero el final es todavía más
incoherente.
No menos introducida con vaselina es la escena en la que los
amantes se encuentran al abrigo de una iglesia y durante un funeral. Bardem
sugiere la hipocresía de la Iglesia que permite encuentros de amantes, mientras
reciba una generosa limosna (que la Bosé se encarga de introducir en media
docena de huchas…). ¡Qué mal asunto cuando la ideología es la que dirige una
película! (hoy lo estamos viendo en decenas de series que difunden la
corrección política y los objetivos de la Agenda 2030 a destajo).
Antes de entregarse, Juan y María José vuelven al lugar en el que se ha producido el accidente. Ella no está muy convencida de entregarse y la única salida lógica atropellar a su amante y matarlo como él mató al ciclista. Sin embargo, había otro final mucho más lógico, impuesto por la “navaja de Okham”: que solamente se hubiera entregado Juan y ella hubiera seguido con su vida. Pero, esta es otra historia.
Lo cierto es que en la película salen a la superficie el carácter
y los rasgos de la alta burguesía: la búsqueda de relumbrón, el espíritu de
casta, su frivolidad, la permanente búsqueda de buenos negocios, su mediocridad
intelectual. Pero estos rasgos y esta crítica no eran ni siquiera en aquella época,
privativas del mundo comunista al que pertenecía Bardem. Si Neville hubiera
dirigido esta cinta, sin duda, le habría dado un sesgo cómico, pero en su
fondo, la crítica hubiera sido la misma y, seguramente, habría desaparecido,
por excesivamente forzada por el carácter comunista de Bardem toda la temática
de la alumna suspendida. Pero, en aquel momento, el Partido Comunista de
España, estaba interesado en desarrollar su “frente universitario” y Bardem,
que lo sabía, introdujo esa línea argumental que hace un flaco servicio al
conjunto de la historia.
La película ha sido abusivamente calificada como la “novena mejor
película del cine español”, la “vigésimo novena mejor película de cine negro”,
lo que también parece abusivo y la “sexagésimo segunda mejor película sobre el
mundo criminal”… En realidad, es una película interesante, más por la época y por
el contexto histórico en el que se desarrolla, que por su contenido.
Alberto Closas que asume el papel de Juan cumple con su cometido.
Lucía Bosé está excesivamente rígida e inexpresiva, no es, desde luego, su mejor
interpretación. La mejor actuación, con mucho, es la de Carlos Casaravilla,
malo entre los malvados, que reaparece aquí asumiendo el papel de Rafa, un
cotilla alcohólico, Pepito Grillo dispuesto a lanzar críticas contra el grupo
social que lo ha aceptado como el “miembro pobre” pero artista.
Hay buenos encuadres, buena fotografía, algunos giros inesperados,
pero resulta excesivamente reiterativa, falta más profundidad a la reflexión
del protagonista sobre lo que ha hecho, y , dese luego, el final es poco
convincente y la actitud de los dos protagonistas en los últimos cinco minutos
de cinta, tanto la de él queriendo entregarse, como la de ella decidiendo girar
la llave de contacto del Seat 1300 y atropellarlo, cuando el desenlace lógico
hubiera sido: “Me voy con mi marido, no me fastidies con tus remordimientos;
entrégate tú si quieres, pero no me líes”…
La “novena mejor película del cine español”, deja algo que desear
y, sin restarle méritos, que los tiene, otras cintas de la misma época podían
situarse legítimamente por delante.
Otros enlaces:
El
cine de Juan Antonio Bardem y la censura franquista (1951-1963) – Juan Francisco Cerón Gómez.
Estudio de la
obra cinematográfica de Juan Antonio Bardem –
Antonio Castro Bobillo.
Muerte
de un ciclista 1955 – Steve Torres.
Comentarios
Publicar un comentario